Rusia ha decidido entrar de lleno en la competencia de los videojuegos bélicos. Cansado del dominio de Activision, el Kremlin impulsa la creación de un Call of Duty ruso, un shooter militar de alto nivel que buscaría competir con una de las franquicias más exitosas de la industria.
Aunque el proyecto aún no está en desarrollo, la intención ya está sobre la mesa y viene acompañada de una cifra que no pasa desapercibida: un presupuesto que podría alcanzar los 128 millones de dólares.
El Call of Duty ruso: un proyecto con respaldo del Kremlin
De acuerdo con información retomada por Insider Gaming a partir de medios rusos, el Ministerio de Desarrollo Digital de Rusia estaría dispuesto a financiar a un estudio que se anime a desarrollar un shooter militar “AAA”.
El monto estimado para este proyecto alcanzaría los 10 mil millones de rublos, una cifra poco común para equipos locales.
El impulso financiero sería clave, ya que actualmente ningún estudio ruso cuenta con los recursos necesarios para competir al nivel de los lanzamientos anuales de Activision. Aun así, no está claro si el juego buscaría un lanzamiento internacional, especialmente por el contexto político y las tensiones que rodean a la saga Call of Duty.
Antecedentes, polémicas y objetivos estratégicos
No es la primera vez que Rusia intenta competir en la industria del gaming.
En el pasado, el país buscó lanzar una consola para rivalizar con Xbox y PlayStation, aunque el proyecto fracasó debido a las limitaciones técnicas de su hardware.
En el caso de Call of Duty, la relación con Rusia ha sido compleja.
En 2009, Modern Warfare 2 fue prohibido en el país por el controvertido nivel “No Russian”.
Además, políticos rusos han acusado a la franquicia de promover “rusofobia” al presentar frecuentemente a personajes rusos como antagonistas.
A pesar de ello, el Kremlin estaría dispuesto a evaluar cualquier propuesta que cumpla con los estándares de producción de Activision.
El diputado Mijaíl Delyagin incluso señaló que los enemigos del juego serían estadounidenses, ucranianos y británicos, calificando el proyecto como “una tarea estratégicamente importante para el país”.
Como dato adicional, se recuerda que Glen Schofield evitó viajar a Rusia en 2011 durante la promoción de Modern Warfare 3, debido a que los antagonistas del juego eran facciones extremistas rusas.
A partir de entonces, Activision optó por representar a los enemigos mediante compañías militares privadas.
Por ahora, el Call of Duty ruso es solo una idea ambiciosa, pero con el respaldo económico del Kremlin, podría convertirse en uno de los proyectos más polémicos y costosos de la industria del videojuego.