A simple vista, Cairn parece un juego sencillo: una persona, una montaña y el reto de llegar a la cima. Sin embargo, basta avanzar unos minutos para descubrir que esta joya indie es mucho más que mover manos y pies por una pared. Su propuesta jugable, su mundo abierto y la historia que se esconde tras la escalada lo convierten en uno de los títulos más inesperados y celebrados de 2026 en Steam y PS5.
Lo que comienza como un homenaje a la escalada termina siendo una experiencia absorbente, capaz de mantenerte en tensión constante y, al mismo tiempo, tocar fibras emocionales que no esperabas encontrar en un juego de este tipo.
Cairn convierte la escalada en un reto brillante
El núcleo del juego es claro: escalar una montaña controlando cada extremidad de forma independiente, buscando apoyos seguros para seguir avanzando. Un mal agarre puede hacerte perder el equilibrio; una buena decisión te acerca un poco más a la cima.
Lejos de ser lento o torpe, el sistema de control se siente natural y fluido. El juego alterna automáticamente entre manos y pies según la situación, aunque también permite personalizar el control para adaptarlo a cada jugador. Tras un breve tutorial en un rocódromo, Cairn abre su verdadero escenario: una enorme montaña que funciona como mundo abierto y se convierte en el gran objetivo de la aventura.
Desde ese momento, queda claro que no hay un único camino. Cada ascenso es una mezcla de intuición, exploración y riesgo, muy cercana a la sensación de un free solo, donde cada decisión importa.
Una montaña viva, exigente y llena de historia
Explorar la montaña es parte esencial de la experiencia. No se trata solo de ir de una pared a otra: el entorno guarda restos de expediciones pasadas, zonas abandonadas, cuevas y pistas que cuentan historias sin necesidad de explicarlas de forma directa. En el camino es posible encontrar mochilas de antiguos escaladores con objetos útiles, como botellas de agua o herramientas que facilitan la subida.
El juego permite acampar en puntos específicos para guardar progreso y prepararse para los siguientes tramos. Desde mejorar el agarre hasta cocinar para resistir el frío o el cansancio, estas decisiones terminan siendo clave para sobrevivir a la ascensión.
Eso sí, Cairn no es indulgente. Con un número limitado de anclajes y una gestión constante de la resistencia, el juego transmite tensión de forma muy visual: extremidades temblando, pantalla oscureciéndose y la amenaza constante de una caída peligrosa. A veces, retroceder y replantear la ruta es la única opción sensata.
Mucho más que un juego de escalada
Donde Cairn termina de destacar es en su historia. La protagonista, Aava, no es una escaladora cualquiera, sino una figura reconocida que se enfrenta a la montaña Kami, un pico que nadie ha logrado conquistar. Lo que parece pura ambición pronto revela un trasfondo más profundo, contado a través de conversaciones, encuentros y silencios.
La narrativa aborda temas como las relaciones, la presión del éxito, la huida personal y la sensación de no saber qué hacer con la propia vida. Todo ello sin excesos ni dramatismos forzados, logrando un impacto emocional que recuerda a experiencias como Firewatch.
Por su jugabilidad exigente, su mundo cuidadosamente construido y una historia tan humana como inesperada, Cairn se consolida como uno de los primeros juegos imprescindibles de 2026. Una sorpresa que nadie vio venir y que merece ser escalada hasta el final.