Lucía Dubra se convirtió en campeona mundial de Counter-Strike y, al mismo tiempo, en una voz que denuncia el machismo que aún existe en el mundo gamer. Con apenas 24 años, la jugadora argentina conocida en el juego como Lulitenz, dejó en pausa su carrera universitaria para dedicarse de lleno a los e-sports, un terreno históricamente dominado por hombres.
Su historia comenzó de forma sencilla: compartiendo computadora con su hermano y levantándose temprano para poder jugar tranquila.
Lo que empezó como un pasatiempo terminó transformándose en una carrera profesional que la llevó a competir internacionalmente y a subir al escenario como campeona del mundo.
Lucía Dubra y su camino hacia la élite de los e-sports
Lucía dio el salto competitivo en 2022, cuando fue invitada a formar un equipo femenino. Hasta entonces no se animaba a competir, pero aceptó el reto. El punto de inflexión llegó en septiembre de 2023, cuando su equipo obtuvo el segundo lugar en el Mundial de Rumania y recibió una oferta profesional.
Ese fue su primer sueldo como jugadora y la decisión de apostar por el gaming.
Actualmente integra FURIA, con el que se consagró campeona mundial en Dallas durante la ESL Impact League, torneo jugado en un estadio lleno de público.
Dentro del equipo cumple el rol de “ancla”, una posición defensiva clave que exige estrategia y lectura del juego.
Aunque hoy compite a máximo nivel, reconoce que el profesionalismo cambió su relación con el juego: ahora implica presión mental constante y estudio permanente.
Machismo en línea y anonimato: el lado oscuro del gaming
El éxito no la ha librado de los ataques.
Desde pequeña, Lucía recibió comentarios despectivos por ser mujer en un entorno dominado por hombres.
Según explica, el problema no suele darse cara a cara, sino en Internet, donde el anonimato fomenta la impunidad.
Insultos sexistas, falta de oportunidades de entrenamiento frente a equipos masculinos y menor inversión en el circuito femenino siguen siendo obstáculos comunes. Aun así, Dubra considera que el mayor desafío no es el talento, sino el contexto cultural que rodea a los e-sports.
La jugadora también ha señalado que la industria enfrenta desigualdades estructurales: menos torneos, menor infraestructura y menos recursos para equipos femeninos. Sin embargo, insiste en que la clave es seguir participando y abrir camino para nuevas generaciones.
Fuera del competitivo, Lucía también ha reflexionado sobre el ecosistema del juego, incluyendo las apuestas con objetos digitales dentro de la plataforma Steam, una práctica que reconoce como cada vez más extendida.
A pesar de las dificultades, su mensaje es claro: llegar al profesionalismo es posible, aunque exige esfuerzo, frustraciones y constancia. Su propia historia, desde una casa con una sola computadora hasta un escenario mundial, demuestra que el talento puede abrirse paso incluso en los ambientes más hostiles.
Con información de Clarín.