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Anthem, de promesa a advertencia: por qué el ambicioso juego de BioWare terminó en fracaso

El 12 de enero de 2026 marcará el final definitivo de Anthem.

Ese día, el cierre de sus servidores oficiales hará que el juego quede completamente injugable, incluso para quienes lo compraron en formato físico. Así se cierra uno de los capítulos más problemáticos en la historia de BioWare y de su editora, Electronic Arts.

Lanzado en 2019, Anthem nació como una apuesta gigantesca: un juego como servicio capaz de generar ingresos constantes, al nivel de franquicias como FIFA. El proyecto comenzó en 2012, poco después de Mass Effect 3, pero desde el inicio arrastró un problema clave: no existía una visión clara más allá de la idea de volar con exotrajes futuristas y sobrevivir en un mundo hostil.

El desarrollo se volvió cada vez más caótico. EA obligó al estudio a usar el motor Frostbite, diseñado para shooters y no para un juego de rol y acción como Anthem. Esto provocó constantes ajustes, eliminación de mecánicas y reinicios creativos. A ello se sumaron salidas importantes dentro del equipo, como la de Casey Hudson y David Gaider, lo que afectó tanto al liderazgo como a la narrativa del juego.

Anthem en tiendas, de mal a peor

Cuando Anthem llegó a las tiendas, la decepción fue evidente.

Aunque se reconocieron aspectos positivos como el sistema de vuelo, el combate y el apartado visual, el resto del juego se sintió incompleto.

La historia fue simple, la jugabilidad repetitiva y la obligación de estar siempre conectado a internet generó frustración entre los jugadores.

Pese a vender cerca de cinco millones de copias, el resultado quedó lejos de las expectativas de EA. En 2020 se intentó relanzar el proyecto con mejoras, pero el plan se canceló un año después. En 2025, el juego fue retirado de las tiendas digitales y se confirmó el cierre definitivo de servidores para enero de 2026.

Más allá de su calidad, Anthem deja una lección inquietante: los juegos como servicio pueden desaparecer por completo. Al depender de conexión permanente, el cierre de servidores equivale a borrar el juego de la existencia, reavivando el debate sobre la propiedad real de los videojuegos.

Así, Anthem no solo será recordado como un tropiezo creativo, sino como una advertencia sobre el rumbo de la industria: proyectos demasiado ambiciosos, mal gestionados y con un futuro que depende de decisiones corporativas, no de quienes los compraron y jugaron.

Con información de Meristation.

Regina Yebra Domínguez

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