imagen tomada de epe.es
Los videojuegos marcaron la vida de Carlos Mateos desde que era niño en el Barrio de Salamanca.
Lo que comenzó como una afición terminó llevándolo a vivir a San Petersburgo, en Rusia, donde fundó su propio estudio y formó una familia. Sin embargo, su historia dio un giro inesperado cuando recibió una carta del gobierno que lo citaba para presentarse en una oficina de reclutamiento militar.
El desarrollador madrileño recuerda aquel momento con claridad.
En la carta se le pedía acudir para integrarse al ejército o justificar por qué no debía hacerlo. Aunque acudió con preocupación, todo terminó siendo un error administrativo.
Al mostrar su pasaporte español, las autoridades comprobaron que no debía estar en la lista y lo dejaron marcharse.
Mateos nació en Madrid y desde pequeño soñó con ganarse la vida dentro del mundo de los videojuegos. Hoy, con 50 años, dirige Blini Games, un estudio independiente que fundó en 2013.
El camino profesional de Mateos empezó muy joven. A los 16 años comenzó a colaborar en la revista Superjuegos, perteneciente al Grupo Zeta. Aunque inició estudios de Periodismo, pronto decidió abandonarlos para seguir otras oportunidades.
Tras estudiar marketing internacional en Estados Unidos, trabajó en el sector de los videojuegos y terminó viajando a Moscú, donde una empresa lo contrató para impulsar ventas en Europa. Allí empezó también un intenso proceso para aprender ruso.
Durante años tomó clases varias veces por semana hasta dominar el idioma. Fue en ese país donde también conoció a su esposa, con quien más tarde formaría una familia.
Después de pasar por España durante la crisis de 2009, Mateos regresó a Rusia en 2011. Desde casa empezó a trabajar como traductor de videojuegos gracias a que dominaba varios idiomas.
Poco después decidió fundar su propio estudio junto a un pequeño equipo. En 2019 lanzaron un videojuego inspirado en las novelas de H. P. Lovecraft, que alcanzó unas 40 mil ventas en poco tiempo, un resultado destacado para un proyecto independiente.
Aunque el mercado actual es complicado para los desarrolladores sin grandes inversores, Blini Games sigue activo. Mateos continúa trabajando como traductor mientras espera el momento adecuado para lanzar un nuevo proyecto.
Mientras tanto, su vida sigue en Rusia junto a su familia, a miles de kilómetros de España. A pesar de las dificultades provocadas por la guerra y las restricciones internacionales, asegura que por ahora no planea regresar: está donde siempre quiso estar, creando videojuegos.
Con información de El Periódico de España.
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