Steam está viviendo una curiosa tendencia que mezcla videojuegos, nostalgia y cultura pop: los simuladores de videoclubs y reparación de tecnología retro se han convertido en un nuevo subgénero de culto.
Este fenómeno surge de los llamados “micronichos”, pequeñas tendencias que aparecen casi al mismo tiempo en distintos estudios alrededor del mundo, sin conexión entre ellos.
En este caso, la coincidencia gira en torno a una misma idea: volver a los 90 y principios de los 2000.
Steam y el auge de los videoclubs virtuales
En marzo de 2026, dos juegos con temáticas casi idénticas llegaron a la plataforma con solo seis días de diferencia… sin que sus creadores lo supieran.
Por un lado, Retro Rewind: Video Store Simulator, desarrollado por un pequeño estudio en Canadá, logró vender más de 100,000 copias en apenas cuatro días y consiguió reseñas “abrumadoramente positivas”.
La propuesta es simple y adictiva: administrar un videoclub, organizar VHS, cobrar multas y sobrevivir a clientes exigentes.
Por otro, Rewind 99 plantea una experiencia más compleja. Aquí, el jugador gestiona el último videoclub de la ciudad en 1999, mientras enfrenta la llegada de un servicio de streaming ficticio. Incluye mundo abierto, misiones y hasta modo cooperativo.
Ambos títulos reflejan algo más profundo: el regreso emocional a una época donde el entretenimiento era físico.
Steam y la nostalgia millennial como motor creativo
La tendencia no se limita a videoclubs. Otro ejemplo es ReStory: Chill Electronics Repairs, un juego donde el objetivo es reparar consolas, cartuchos y dispositivos antiguos en un taller ambientado en el Tokio de los 2000.
Aquí, el jugador desmonta, limpia y reconstruye aparatos como consolas Atari o reproductores musicales, mientras sus decisiones afectan a los clientes y al negocio.
Este tipo de juegos combina dos fuerzas: el éxito de los simuladores de gestión —como tiendas o estaciones de servicio— y una nostalgia millennial por objetos que hoy ya no dominan el mercado.
El resultado es claro: experiencias simples, cercanas y profundamente emocionales que conectan con una generación que creció entre VHS, cartuchos y DVDs.
Y que, ahora, quiere volver… aunque sea en digital.