La escena competitiva de los videojuegos presume de crecimiento global, pero no todos avanzan al mismo ritmo. Para muchas mujeres en esports, el reto no es solo mejorar su nivel, sino conseguir un lugar donde competir sin prejuicios.
La historia de Laia Miralles lo resume bien. Descubrió Counter-Strike a los 22 años y en pocos meses alcanzó el rango más alto. Sin embargo, entrar a equipos mixtos no fue tan sencillo: comentarios sobre su género, dudas sobre su nivel y una presión constante marcaron su experiencia.
Y no es un caso aislado. Aunque en España el 49% de quienes juegan videojuegos son mujeres, solo un 6% logra competir, y aún menos firman contratos estables.
Mujeres en esports: talento hay, oportunidades no tantas
Las jugadoras coinciden en que el problema no es el nivel, sino la falta de espacios.
Muchas estructuras competitivas siguen sin apostar por plantillas mixtas y, cuando lo hacen, ellas suelen cargar con las críticas si el equipo falla.
La presión también se traslada a torneos y retransmisiones. Un buen desempeño femenino recibe menos reconocimiento que uno masculino, y los errores se juzgan con mayor dureza.
Algunas jugadoras optan por equipos exclusivamente femeninos para encontrar estabilidad emocional, no por comodidad, sino por necesidad.
Historias similares se repiten en otros títulos como Valorant, donde varias competidoras lograron ligas, viajes y experiencia profesional, pero terminaron abandonando por desgaste mental o falta de estabilidad.
Sueldos bajos y futuro incierto en la escena competitiva
El dinero marca otra brecha importante. Algunas jugadoras han firmado contratos de apenas 200 o 300 euros mensuales, incluso dentro de clubes conocidos como Giants o Qlash Spain, mientras jugadores equivalentes suelen cobrar más y tener mejores proyectos.
La situación obliga a muchas a compaginar entrenamientos con estudios o trabajo, lo que reduce su margen de mejora. En contraste, en otras partes de Europa hay jugadoras que pueden vivir del competitivo con sueldos cercanos a los 3.000 euros.
Incluso el talento joven se enfrenta a los mismos obstáculos. Nuevas promesas que entrenan en equipos como Demonix Esports o participan en ligas como las de Madrid in Game siguen encontrando comentarios machistas y dificultades para acceder a equipos mixtos de alto nivel.
Pese a todo, las jugadoras no recomiendan abandonar el sueño, pero sí advierten que el camino exige fortaleza mental, sacrificio y paciencia. El talento existe; lo que falta, coinciden, es que la escena profesional termine de abrir las puertas.
Con información de Magas.