Durante años, los videojuegos han sido asociados con el sedentarismo.
Sin embargo, hoy existen propuestas que combinan tecnología, movimiento y aprendizaje social, demostrando que no todo juego implica permanecer sentado frente a una pantalla.
Para madres y padres, estos títulos pueden convertirse en aliados para promover hábitos más activos y colaborativos.
Videojuegos que impulsan el movimiento
Los juegos de baile, deportes o realidad aumentada invitan a realizar actividad física real.
A través de dinámicas que requieren saltar, correr, coordinar movimientos o reaccionar con rapidez, los chicos se ejercitan casi sin darse cuenta. Entre sus principales beneficios destacan:
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Movimiento constante
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Mejora de la coordinación y los reflejos
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Motivación para realizar ejercicio
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Desarrollo de hábitos saludables
Además, al tratarse de juegos dinámicos, suelen resultar más atractivos para quienes no se sienten cómodos con el deporte tradicional.
Trabajo en equipo y vínculo familiar
Muchos de estos videojuegos están diseñados para jugar en grupo.
Esto fomenta la cooperación entre jugadores, la comunicación y la toma de decisiones compartidas.
Cuando padres e hijos participan juntos, el juego se transforma en una experiencia que refuerza el vínculo familiar y genera espacios de convivencia positiva.
Consejos para padres
Para aprovechar al máximo este tipo de videojuegos, es recomendable:
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Elegir juegos acordes a la edad y habilidades del niño.
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Establecer horarios y tiempos de juego equilibrados.
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Jugar en familia siempre que sea posible, dando el ejemplo.
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Complementar el videojuego con actividad física al aire libre.
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Valorar el esfuerzo y la participación, no solo el resultado.
Usados de manera consciente, los videojuegos pueden ser mucho más que entretenimiento.
Bien seleccionados y acompañados, se convierten en una herramienta útil para mejorar la actividad física, fortalecer el trabajo en equipo y crear momentos de conexión entre padres e hijos.